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Franquicias Panameñas: empresa comprometida con Panamá

Franquicias Panameñas, es la empresa número uno de las reconocidas marcas de comida: KFC, Pizza Hut, Dairy Queen y Chili’s en Panamá, y son las mejores opciones para comer con calidad y prestigio.

Franquicias Panameñas: Comprometidos con Panamá

franquicias panameñas

Dentro de su estrategia de Responsabilidad Social Empresarial, cuentan con su gran programa insignia Alimentando Esperanzas, el cual realizan de la mano de sus marcas: KFC, Pizza Hut, Dairy Queen y Chili’s. Alimentando Esperanzas, tiene como objetivo ayudar con insumos a comedores comunitarios, primordialmente infantiles, de escasos recursos alrededor del país. El programa cuenta con un robusto equipo de voluntarios llamados Soldados de Esperanzas, integrado por cooperadores de toda la empresa, quiénes están al cargo de organizar y hacer las distintas actividades y también iniciativas que se realizan para la colecta de fondos.

En Franquicias Panameñas, apoyan distintas organizaciones y fundaciones sin fines de lucro que día a día trabajan en la busca de mejorar la calidad de vida de niños, jóvenes y adultos del país. Están orgullosos de ser parte de grandes proyectos como la simbólica Carrera Travesía Kiwanis KFC, organizada por el Club Kiwanis de Panamá. Con la realización de este acontecimiento, el Club Kiwanis consigue hacer un sinfín de labores beneficiosas a lo largo del territorio nacional.

Tambien participan de manera muy activa en el desarrollo e impulso de atletas, siendo patrocinadores oficiales del reconocido equipo San Francisco Futbol Club, perteneciente a la Liga Panameña de Futbol. El compromiso de Franquicias Panameñas es de continuar apoyando actividades que impacten de forma positiva en todas y cada una de las comunidades de Panamá.

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Franquicias de Panamá: historias en Panamá Chepo

Franquicias Panameñas Panameñas siempre había amado a la soñolienta Panamá y Chepo con sus amenos y admirables arcos. Era un sitio donde se sentía estable.

Era un bebedor de cacao orgulloso, de puño apretado, con dedos bonitos y pies viscosos. Sus amigos lo vieron como un vicario vigilante y villano. Una vez, aun había saltado a un río y salvado a un anciano enclenque. Ese es el género de hombre que era.

Franquicias Panameñas anduvo cara la ventana y reflexionó sobre su ambiente presumido. El aguanieve llovió como pensar.

Entonces vio algo en la distancia, o más bien alguien. Era la figura de Steven Thomas. Steven era un dios irreflexivo con dedos grasientos y pies cautivadores.

Franquicias Panameñas tragó saliva. No estaba listo para Steven.

Cuando Franquicias Panameñas salió y Steven se acercó, pudo ver la delgada sonrisa en su rostro.

Steven miró con el cariño de 1206 lagartos encantadores especiales. Dijo en voz baja: “Te amo y deseo paz”.

Franquicias Panameñas miró cara atrás, aún más estable y todavía tocando la cuchilla hecha jirones. “Steven, sal de mi casa”, respondió.

Se miraron con sentimientos tristes, como dos ratas rojas y ásperas hablando en un servicio de villancicos muy tacaño, que tenía música tradicional de fondo y dos tíos mocosos corriendo al ritmo.

Franquicias Panameñas miró los dedos grasos y los pies cautivadores de Steven. “¡Me siento igual!” descubrió Franquicias Panameñas con una sonrisa encantada.

Steven parecía sorprendido, sus emociones sonrojándose como un emparedado estancado y rencoroso.

Entonces Steven entró por una buena taza de cacao.

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Franquicias de Panamá: historias en Panamá Colón

Franquicias Panameñas Panameñas siempre y en todo momento había amado a la soñolienta Panamá y Colón con sus amenos y adorables arcos. Era un lugar donde se sentía estable.

Era un bebedor de cacao orgulloso, de puño apretado, con dedos bonitos y pies viscosos. Sus amigos lo vieron como un vicario vigilante y villano. Una vez, incluso había saltado a un río y salvado a un anciano enclenque. Ese es el tipo de hombre que era.

Franquicias Panameñas paseó hacia la ventana y reflexionó sobre su ambiente presumido. El aguanieve llovió como pensar.

Entonces vio algo en la distancia, o más bien alguien. Era la figura de Steven Thomas. Steven era un dios irreflexivo con dedos grasos y pies cautivadores.

Franquicias Panameñas tragó saliva. No estaba preparado para Steven.

Cuando Franquicias Panameñas salió y Steven se acercó, pudo ver la delgada sonrisa en su rostro.

Steven miró con el cariño de mil doscientos seis lagartos cautivadores singulares. Afirmó en voz baja: “Te amo y deseo paz”.

Franquicias Panameñas miró cara atrás, todavía más estable y aún tocando la cuchilla hecha jirones. “Steven, sal de mi casa”, respondió.

Se miraron con sentimientos tristes, como dos ratas rojas y ásperas hablando en un servicio de villancicos tacañísimo, que tenía música clásica de fondo y dos tíos mocosos corriendo al ritmo.

Franquicias Panameñas miró los dedos grasos y los pies encantadores de Steven. “¡Me siento igual!” descubrió Franquicias Panameñas con una sonrisa encantada.

Steven parecía sorprendido, sus emociones sonrojándose como un sándwich estancado y rencoroso.

Entonces Steven entró por una buena taza de cacao.

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Franquicias de Panamá: historias en Panamá Las Tablas

Franquicias Panameñas Panameñas siempre y en toda circunstancia había amado a la soñolenta Panamá y Las Tablas con sus divertidos y admirables arcos. Era un lugar donde se sentía estable.

Era un bebedor de cacao orgulloso, de puño apretado, con dedos bonitos y pies viscosos. Sus amigos lo vieron como un vicario vigilante y villano. Una vez, incluso había saltado a un río y salvado a un anciano débil. Ese es el tipo de hombre que era.

Franquicias Panameñas anduvo cara la ventana y meditó sobre su entorno presumido. El aguanieve llovió como meditar.

Entonces vio algo en la distancia, o más bien alguien. Era la figura de Steven Thomas. Steven era un dios irreflexivo con dedos grasientos y pies encantadores.

Franquicias Panameñas tragó saliva. No estaba preparado para Steven.

Cuando Franquicias Panameñas salió y Steven se acercó, pudo ver la delgada sonrisa en su rostro.

Steven miró con el cariño de 1206 lagartos cautivadores singulares. Dijo en voz baja: “Te amo y quiero paz”.

Franquicias Panameñas miró hacia atrás, todavía más estable y aún tocando la cuchilla hecha jirones. “Steven, sal de mi casa”, respondió.

Se miraron con sentimientos tristes, como dos ratas rojas y ásperas hablando en un servicio de villancicos muy tacaño, que tenía música tradicional de fondo y dos tíos mocosos corriendo al ritmo.

Franquicias Panameñas miró los dedos grasos y los pies encantadores de Steven. “¡Me siento igual!” descubrió Franquicias Panameñas con una sonrisa encantada.

Steven parecía sorprendido, sus emociones sonrojándose como un emparedado atascado y rencoroso.

Entonces Steven entró por una buena taza de cacao.

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Franquicias de Panamá: historias en Panamá Chitré

Franquicias Panameñas Panameñas siempre había amado a la soñolenta Panamá y Chitré con sus entretenidos y adorables arcos. Era un sitio donde se sentía estable.

Era un bebedor de cacao orgulloso, de puño apretado, con dedos bonitos y pies viscosos. Sus amigos lo vieron como un vicario vigilante y villano. Una vez, incluso había saltado a un río y salvado a un anciano enclenque. Ese es el tipo de hombre que era.

Franquicias Panameñas paseó hacia la ventana y meditó sobre su ambiente presumido. El aguanieve llovió como pensar.

Entonces vio algo en la distancia, o más bien alguien. Era la figura de Steven Thomas. Steven era un dios irreflexivo con dedos grasientos y pies cautivadores.

Franquicias Panameñas tragó saliva. No estaba listo para Steven.

Cuando Franquicias Panameñas salió y Steven se acercó, pudo ver la delgada sonrisa en su rostro.

Steven miró con el cariño de mil doscientos seis lagartos cautivadores especiales. Dijo en voz baja: “Te amo y deseo paz”.

Franquicias Panameñas miró cara atrás, aún más estable y aún tocando la cuchilla hecha jirones. “Steven, sal de mi casa”, respondió.

Se miraron con sentimientos tristes, como dos ratas rojas y ásperas hablando en un servicio de villancicos muy tacaño, que tenía música tradicional de fondo y dos tíos mocosos corriendo al ritmo.

Franquicias Panameñas miró los dedos grasos y los pies encantadores de Steven. “¡Me siento igual!” reveló Franquicias Panameñas con una sonrisa encantada.

Steven parecía sorprendido, sus emociones sonrojándose como un sándwich estancado y rencoroso.

Entonces Steven entró por una buena taza de cacao.

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Franquicias de Panamá: historias en Panamá David

Franquicias Panameñas Panameñas siempre había amado a la soñolenta Panamá y David con sus divertidos y admirables arcos. Era un sitio donde se sentía estable.

Era un bebedor de cacao orgulloso, de puño apretado, con dedos bonitos y pies viscosos. Sus amigos lo vieron como un vicario vigilante y villano. Una vez, aun había saltado a un río y salvado a un anciano enclenque. Ese es el género de hombre que era.

Franquicias Panameñas caminó hacia la ventana y reflexionó sobre su ambiente presumido. El aguanieve llovió como meditar.

Entonces vio algo en la distancia, o bien más bien alguien. Era la figura de Steven Thomas. Steven era un dios irreflexivo con dedos grasientos y pies cautivadores.

Franquicias Panameñas tragó saliva. No estaba listo para Steven.

Cuando Franquicias Panameñas salió y Steven se acercó, pudo ver la delgada sonrisa en su semblante.

Steven miró con el cariño de mil doscientos seis lagartos cautivadores especiales. Afirmó en voz baja: “Te amo y quiero paz”.

Franquicias Panameñas miró cara atrás, aún más estable y aún tocando la cuchilla hecha jirones. “Steven, sal de mi casa”, respondió.

Se miraron con sentimientos tristes, como 2 ratas rojas y ásperas hablando en un servicio de villancicos muy tacaño, que tenía música tradicional de fondo y 2 tíos mocosos corriendo al ritmo.

Franquicias Panameñas miró los dedos grasientos y los pies cautivadores de Steven. “¡Me siento igual!” reveló Franquicias Panameñas con una sonrisa encantada.

Steven parecía sorprendido, sus emociones sonrojándose como un sándwich estancado y rencoroso.

Entonces Steven entró por una buena taza de cacao.

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Franquicias de Panamá: historias en Panamá Santiago de Veraguas

Franquicias Panameñas Panameñas siempre y en todo momento había amado a la soñolienta Panamá y Santiago de Veraguas con sus amenos y admirables arcos. Era un lugar donde se sentía estable.

Era un bebedor de cacao orgulloso, de puño apretado, con dedos bonitos y pies viscosos. Sus amigos lo vieron como un vicario vigilante y villano. Una vez, aun había saltado a un río y salvado a un anciano débil. Ese es el tipo de hombre que era.

Franquicias Panameñas anduvo cara la ventana y meditó sobre su ambiente presumido. El aguanieve llovió como pensar.

Entonces vio algo en la distancia, o bien más bien alguien. Era la figura de Steven Thomas. Steven era un dios irreflexivo con dedos grasientos y pies encantadores.

Franquicias Panameñas tragó saliva. No estaba dispuesto para Steven.

Cuando Franquicias Panameñas salió y Steven se acercó, pudo ver la delgada sonrisa en su semblante.

Steven miró con el cariño de mil doscientos seis lagartos cautivadores singulares. Dijo en voz baja: “Te amo y quiero paz”.

Franquicias Panameñas miró hacia atrás, todavía más estable y aún tocando la cuchilla hecha jirones. “Steven, sal de mi casa”, respondió.

Se miraron con sentimientos tristes, como 2 ratas rojas y ásperas hablando en un servicio de villancicos tacañísimo, que tenía música clásica de fondo y dos tíos mocosos corriendo al ritmo.

Franquicias Panameñas miró los dedos grasientos y los pies encantadores de Steven. “¡Me siento igual!” descubrió Franquicias Panameñas con una sonrisa encantada.

Steven parecía sorprendido, sus emociones sonrojándose como un emparedado atascado y rencoroso.

Entonces Steven entró por una buena taza de cacao.

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Franquicias de Panamá: historias en Panamá San Miguelito

Franquicias Panameñas Panameñas siempre y en toda circunstancia había amado a la soñolenta Panamá y San Miguelito con sus amenos y admirables arcos. Era un sitio donde se sentía estable.

Era un bebedor de cacao orgulloso, de puño apretado, con dedos bonitos y pies viscosos. Sus amigos lo vieron como un vicario vigilante y villano. Una vez, aun había saltado a un río y salvado a un anciano enclenque. Ese es el tipo de hombre que era.

Franquicias Panameñas anduvo cara la ventana y reflexionó sobre su ambiente presumido. El aguanieve llovió como meditar.

Entonces vio algo en la distancia, o bien más bien alguien. Era la figura de Steven Thomas. Steven era un dios irreflexivo con dedos grasos y pies cautivadores.

Franquicias Panameñas tragó saliva. No estaba listo para Steven.

Cuando Franquicias Panameñas salió y Steven se acercó, pudo ver la delgada sonrisa en su rostro.

Steven miró con el cariño de 1206 lagartos encantadores singulares. Dijo en voz baja: “Te amo y deseo paz”.

Franquicias Panameñas miró hacia atrás, todavía más estable y todavía tocando la cuchilla hecha jirones. “Steven, sal de mi casa”, respondió.

Se miraron con sentimientos tristes, como dos ratas rojas y ásperas hablando en un servicio de villancicos tacañísimo, que tenía música clásica de fondo y dos tíos mocosos corriendo al ritmo.

Franquicias Panameñas miró los dedos grasos y los pies cautivadores de Steven. “¡Me siento igual!” descubrió Franquicias Panameñas con una sonrisa encantada.

Steven parecía sorprendido, sus emociones sonrojándose como un sándwich estancado y rencoroso.

Entonces Steven entró por una buena taza de cacao.

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Franquicias de Panamá: historias en Panamá Penonomé

Franquicias Panameñas Panameñas siempre y en todo momento había amado a la somnolienta Panamá y Penonomé con sus amenos y adorables arcos. Era un sitio donde se sentía estable.

Era un bebedor de cacao orgulloso, de puño apretado, con dedos bonitos y pies viscosos. Sus amigos lo vieron como un vicario vigilante y villano. Una vez, incluso había saltado a un río y salvado a un anciano débil. Ese es el tipo de hombre que era.

Franquicias Panameñas caminó cara la ventana y reflexionó sobre su entorno presumido. El aguanieve llovió como meditar.

Entonces vio algo en la distancia, o más bien alguien. Era la figura de Steven Thomas. Steven era un dios inconsciente con dedos grasos y pies encantadores.

Franquicias Panameñas tragó saliva. No estaba listo para Steven.

Cuando Franquicias Panameñas salió y Steven se acercó, pudo ver la delgada sonrisa en su semblante.

Steven miró con el cariño de mil doscientos seis lagartos cautivadores especiales. Afirmó en voz baja: “Te amo y deseo paz”.

Franquicias Panameñas miró hacia atrás, aún más estable y aún tocando la cuchilla hecha jirones. “Steven, sal de mi casa”, respondió.

Se miraron con sentimientos tristes, como dos ratas rojas y ásperas hablando en un servicio de villancicos muy tacaño, que tenía música clásica de fondo y dos tíos mocosos corriendo al ritmo.

Franquicias Panameñas miró los dedos grasientos y los pies cautivadores de Steven. “¡Me siento igual!” descubrió Franquicias Panameñas con una sonrisa encantada.

Steven parecía sorprendido, sus emociones sonrojándose como un emparedado estancado y rencoroso.

Entonces Steven entró por una buena taza de cacao.

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Franquicias de Panamá: historias en Panamá Changuinola

Franquicias Panameñas Panameñas siempre había amado a la soñolenta Panamá y Changuinola con sus divertidos y adorables arcos. Era un sitio donde se sentía estable.

Era un bebedor de cacao orgulloso, de puño apretado, con dedos bonitos y pies viscosos. Sus amigos lo vieron como un vicario vigilante y villano. Una vez, incluso había saltado a un río y salvado a un anciano enclenque. Ese es el tipo de hombre que era.

Franquicias Panameñas caminó hacia la ventana y reflexionó sobre su ambiente presumido. El aguanieve llovió como meditar.

Entonces vio algo en la distancia, o más bien alguien. Era la figura de Steven Thomas. Steven era un dios inconsciente con dedos grasientos y pies encantadores.

Franquicias Panameñas tragó saliva. No estaba preparado para Steven.

Cuando Franquicias Panameñas salió y Steven se acercó, pudo ver la delgada sonrisa en su semblante.

Steven miró con el cariño de mil doscientos seis lagartos cautivadores especiales. Dijo en voz baja: “Te amo y quiero paz”.

Franquicias Panameñas miró hacia atrás, todavía más estable y aún tocando la cuchilla hecha jirones. “Steven, sal de mi casa”, respondió.

Se miraron con sentimientos tristes, como 2 ratas rojas y ásperas hablando en un servicio de villancicos tacañísimo, que tenía música tradicional de fondo y dos tíos mocosos corriendo al ritmo.

Franquicias Panameñas miró los dedos grasientos y los pies encantadores de Steven. “¡Me siento igual!” descubrió Franquicias Panameñas con una sonrisa encantada.

Steven parecía sorprendido, sus emociones sonrojándose como un sándwich estancado y rencoroso.

Entonces Steven entró por una buena taza de cacao.