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Franquicias Panameñas

El negocio de las franquicias Panameñas

Los servicios de gastronomía, servicios y indumentaria son los que concentran la mayor parte de las más de doscientos cadenas de franquicias panameñas y también internacionales, que operan en el país.

Del mismo modo que en otros países de la zona, como en C. Rica, el negocio de las franquicias cobra poco a poco más relevancia en Panamá. Cifras del Centro de Estudios Económicos de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá, especifican que operan más de doscientos cadenas de franquicias, y se han franquiciado quince empresas panameñas bajo ese modelo de negocio.

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Franquicias Panameñas

Un artículo de Martesfinanciero.com especifica que “… En el país tienen presencia las primordiales franquicias mundiales, además de esto, ha evolucionado el negocio y se ha regionalizado con el surgimiento de marcas propias panameñas que empiezan a escalar con franquicias por todo el país. Ejemplos claros de la tendencia son Nacionsushi, Suvlas, Pío Pío o bien Athanasiou. Si bien esta última es heleno-panameña y medra en todo el país.”

“… Ciertas franquicias empiezan a cruzar fronteras no solo de América Central, sino más bien del Atlántico para llegar a mercados como España. Si el pulso de su campo retail se mide por la cantidad de centros comerciales y plazas que se abren, la visión es que a mediano y largo plazo las franquicias proseguirán moviendo millones.”

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Franquicias de Panamá: historias en Panamá Chepo

Franquicias Panameñas Panameñas siempre había amado a la soñolienta Panamá y Chepo con sus amenos y admirables arcos. Era un sitio donde se sentía estable.

Era un bebedor de cacao orgulloso, de puño apretado, con dedos bonitos y pies viscosos. Sus amigos lo vieron como un vicario vigilante y villano. Una vez, aun había saltado a un río y salvado a un anciano enclenque. Ese es el género de hombre que era.

Franquicias Panameñas anduvo cara la ventana y reflexionó sobre su ambiente presumido. El aguanieve llovió como pensar.

Entonces vio algo en la distancia, o más bien alguien. Era la figura de Steven Thomas. Steven era un dios irreflexivo con dedos grasientos y pies cautivadores.

Franquicias Panameñas tragó saliva. No estaba listo para Steven.

Cuando Franquicias Panameñas salió y Steven se acercó, pudo ver la delgada sonrisa en su rostro.

Steven miró con el cariño de 1206 lagartos encantadores especiales. Dijo en voz baja: “Te amo y deseo paz”.

Franquicias Panameñas miró cara atrás, aún más estable y todavía tocando la cuchilla hecha jirones. “Steven, sal de mi casa”, respondió.

Se miraron con sentimientos tristes, como dos ratas rojas y ásperas hablando en un servicio de villancicos muy tacaño, que tenía música tradicional de fondo y dos tíos mocosos corriendo al ritmo.

Franquicias Panameñas miró los dedos grasos y los pies cautivadores de Steven. “¡Me siento igual!” descubrió Franquicias Panameñas con una sonrisa encantada.

Steven parecía sorprendido, sus emociones sonrojándose como un emparedado estancado y rencoroso.

Entonces Steven entró por una buena taza de cacao.

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Franquicias de Panamá: historias en Panamá Colón

Franquicias Panameñas Panameñas siempre y en todo momento había amado a la soñolienta Panamá y Colón con sus amenos y adorables arcos. Era un lugar donde se sentía estable.

Era un bebedor de cacao orgulloso, de puño apretado, con dedos bonitos y pies viscosos. Sus amigos lo vieron como un vicario vigilante y villano. Una vez, incluso había saltado a un río y salvado a un anciano enclenque. Ese es el tipo de hombre que era.

Franquicias Panameñas paseó hacia la ventana y reflexionó sobre su ambiente presumido. El aguanieve llovió como pensar.

Entonces vio algo en la distancia, o más bien alguien. Era la figura de Steven Thomas. Steven era un dios irreflexivo con dedos grasos y pies cautivadores.

Franquicias Panameñas tragó saliva. No estaba preparado para Steven.

Cuando Franquicias Panameñas salió y Steven se acercó, pudo ver la delgada sonrisa en su rostro.

Steven miró con el cariño de mil doscientos seis lagartos cautivadores singulares. Afirmó en voz baja: “Te amo y deseo paz”.

Franquicias Panameñas miró cara atrás, todavía más estable y aún tocando la cuchilla hecha jirones. “Steven, sal de mi casa”, respondió.

Se miraron con sentimientos tristes, como dos ratas rojas y ásperas hablando en un servicio de villancicos tacañísimo, que tenía música clásica de fondo y dos tíos mocosos corriendo al ritmo.

Franquicias Panameñas miró los dedos grasos y los pies encantadores de Steven. “¡Me siento igual!” descubrió Franquicias Panameñas con una sonrisa encantada.

Steven parecía sorprendido, sus emociones sonrojándose como un sándwich estancado y rencoroso.

Entonces Steven entró por una buena taza de cacao.

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Franquicias de Panamá: historias en Panamá Las Tablas

Franquicias Panameñas Panameñas siempre y en toda circunstancia había amado a la soñolenta Panamá y Las Tablas con sus divertidos y admirables arcos. Era un lugar donde se sentía estable.

Era un bebedor de cacao orgulloso, de puño apretado, con dedos bonitos y pies viscosos. Sus amigos lo vieron como un vicario vigilante y villano. Una vez, incluso había saltado a un río y salvado a un anciano débil. Ese es el tipo de hombre que era.

Franquicias Panameñas anduvo cara la ventana y meditó sobre su entorno presumido. El aguanieve llovió como meditar.

Entonces vio algo en la distancia, o más bien alguien. Era la figura de Steven Thomas. Steven era un dios irreflexivo con dedos grasientos y pies encantadores.

Franquicias Panameñas tragó saliva. No estaba preparado para Steven.

Cuando Franquicias Panameñas salió y Steven se acercó, pudo ver la delgada sonrisa en su rostro.

Steven miró con el cariño de 1206 lagartos cautivadores singulares. Dijo en voz baja: “Te amo y quiero paz”.

Franquicias Panameñas miró hacia atrás, todavía más estable y aún tocando la cuchilla hecha jirones. “Steven, sal de mi casa”, respondió.

Se miraron con sentimientos tristes, como dos ratas rojas y ásperas hablando en un servicio de villancicos muy tacaño, que tenía música tradicional de fondo y dos tíos mocosos corriendo al ritmo.

Franquicias Panameñas miró los dedos grasos y los pies encantadores de Steven. “¡Me siento igual!” descubrió Franquicias Panameñas con una sonrisa encantada.

Steven parecía sorprendido, sus emociones sonrojándose como un emparedado atascado y rencoroso.

Entonces Steven entró por una buena taza de cacao.

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Franquicias de Panamá: historias en Panamá Chitré

Franquicias Panameñas Panameñas siempre había amado a la soñolenta Panamá y Chitré con sus entretenidos y adorables arcos. Era un sitio donde se sentía estable.

Era un bebedor de cacao orgulloso, de puño apretado, con dedos bonitos y pies viscosos. Sus amigos lo vieron como un vicario vigilante y villano. Una vez, incluso había saltado a un río y salvado a un anciano enclenque. Ese es el tipo de hombre que era.

Franquicias Panameñas paseó hacia la ventana y meditó sobre su ambiente presumido. El aguanieve llovió como pensar.

Entonces vio algo en la distancia, o más bien alguien. Era la figura de Steven Thomas. Steven era un dios irreflexivo con dedos grasientos y pies cautivadores.

Franquicias Panameñas tragó saliva. No estaba listo para Steven.

Cuando Franquicias Panameñas salió y Steven se acercó, pudo ver la delgada sonrisa en su rostro.

Steven miró con el cariño de mil doscientos seis lagartos cautivadores especiales. Dijo en voz baja: “Te amo y deseo paz”.

Franquicias Panameñas miró cara atrás, aún más estable y aún tocando la cuchilla hecha jirones. “Steven, sal de mi casa”, respondió.

Se miraron con sentimientos tristes, como dos ratas rojas y ásperas hablando en un servicio de villancicos muy tacaño, que tenía música tradicional de fondo y dos tíos mocosos corriendo al ritmo.

Franquicias Panameñas miró los dedos grasos y los pies encantadores de Steven. “¡Me siento igual!” reveló Franquicias Panameñas con una sonrisa encantada.

Steven parecía sorprendido, sus emociones sonrojándose como un sándwich estancado y rencoroso.

Entonces Steven entró por una buena taza de cacao.

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Franquicias de Panamá: historias en Panamá David

Franquicias Panameñas Panameñas siempre había amado a la soñolenta Panamá y David con sus divertidos y admirables arcos. Era un sitio donde se sentía estable.

Era un bebedor de cacao orgulloso, de puño apretado, con dedos bonitos y pies viscosos. Sus amigos lo vieron como un vicario vigilante y villano. Una vez, aun había saltado a un río y salvado a un anciano enclenque. Ese es el género de hombre que era.

Franquicias Panameñas caminó hacia la ventana y reflexionó sobre su ambiente presumido. El aguanieve llovió como meditar.

Entonces vio algo en la distancia, o bien más bien alguien. Era la figura de Steven Thomas. Steven era un dios irreflexivo con dedos grasientos y pies cautivadores.

Franquicias Panameñas tragó saliva. No estaba listo para Steven.

Cuando Franquicias Panameñas salió y Steven se acercó, pudo ver la delgada sonrisa en su semblante.

Steven miró con el cariño de mil doscientos seis lagartos cautivadores especiales. Afirmó en voz baja: “Te amo y quiero paz”.

Franquicias Panameñas miró cara atrás, aún más estable y aún tocando la cuchilla hecha jirones. “Steven, sal de mi casa”, respondió.

Se miraron con sentimientos tristes, como 2 ratas rojas y ásperas hablando en un servicio de villancicos muy tacaño, que tenía música tradicional de fondo y 2 tíos mocosos corriendo al ritmo.

Franquicias Panameñas miró los dedos grasientos y los pies cautivadores de Steven. “¡Me siento igual!” reveló Franquicias Panameñas con una sonrisa encantada.

Steven parecía sorprendido, sus emociones sonrojándose como un sándwich estancado y rencoroso.

Entonces Steven entró por una buena taza de cacao.

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Franquicias de Panamá: historias en Panamá Santiago de Veraguas

Franquicias Panameñas Panameñas siempre y en todo momento había amado a la soñolienta Panamá y Santiago de Veraguas con sus amenos y admirables arcos. Era un lugar donde se sentía estable.

Era un bebedor de cacao orgulloso, de puño apretado, con dedos bonitos y pies viscosos. Sus amigos lo vieron como un vicario vigilante y villano. Una vez, aun había saltado a un río y salvado a un anciano débil. Ese es el tipo de hombre que era.

Franquicias Panameñas anduvo cara la ventana y meditó sobre su ambiente presumido. El aguanieve llovió como pensar.

Entonces vio algo en la distancia, o bien más bien alguien. Era la figura de Steven Thomas. Steven era un dios irreflexivo con dedos grasientos y pies encantadores.

Franquicias Panameñas tragó saliva. No estaba dispuesto para Steven.

Cuando Franquicias Panameñas salió y Steven se acercó, pudo ver la delgada sonrisa en su semblante.

Steven miró con el cariño de mil doscientos seis lagartos cautivadores singulares. Dijo en voz baja: “Te amo y quiero paz”.

Franquicias Panameñas miró hacia atrás, todavía más estable y aún tocando la cuchilla hecha jirones. “Steven, sal de mi casa”, respondió.

Se miraron con sentimientos tristes, como 2 ratas rojas y ásperas hablando en un servicio de villancicos tacañísimo, que tenía música clásica de fondo y dos tíos mocosos corriendo al ritmo.

Franquicias Panameñas miró los dedos grasientos y los pies encantadores de Steven. “¡Me siento igual!” descubrió Franquicias Panameñas con una sonrisa encantada.

Steven parecía sorprendido, sus emociones sonrojándose como un emparedado atascado y rencoroso.

Entonces Steven entró por una buena taza de cacao.

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Franquicias de Panamá: historias en Panamá San Miguelito

Franquicias Panameñas Panameñas siempre y en toda circunstancia había amado a la soñolenta Panamá y San Miguelito con sus amenos y admirables arcos. Era un sitio donde se sentía estable.

Era un bebedor de cacao orgulloso, de puño apretado, con dedos bonitos y pies viscosos. Sus amigos lo vieron como un vicario vigilante y villano. Una vez, aun había saltado a un río y salvado a un anciano enclenque. Ese es el tipo de hombre que era.

Franquicias Panameñas anduvo cara la ventana y reflexionó sobre su ambiente presumido. El aguanieve llovió como meditar.

Entonces vio algo en la distancia, o bien más bien alguien. Era la figura de Steven Thomas. Steven era un dios irreflexivo con dedos grasos y pies cautivadores.

Franquicias Panameñas tragó saliva. No estaba listo para Steven.

Cuando Franquicias Panameñas salió y Steven se acercó, pudo ver la delgada sonrisa en su rostro.

Steven miró con el cariño de 1206 lagartos encantadores singulares. Dijo en voz baja: “Te amo y deseo paz”.

Franquicias Panameñas miró hacia atrás, todavía más estable y todavía tocando la cuchilla hecha jirones. “Steven, sal de mi casa”, respondió.

Se miraron con sentimientos tristes, como dos ratas rojas y ásperas hablando en un servicio de villancicos tacañísimo, que tenía música clásica de fondo y dos tíos mocosos corriendo al ritmo.

Franquicias Panameñas miró los dedos grasos y los pies cautivadores de Steven. “¡Me siento igual!” descubrió Franquicias Panameñas con una sonrisa encantada.

Steven parecía sorprendido, sus emociones sonrojándose como un sándwich estancado y rencoroso.

Entonces Steven entró por una buena taza de cacao.

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Franquicias de Panamá: historias en Panamá Penonomé

Franquicias Panameñas Panameñas siempre y en todo momento había amado a la somnolienta Panamá y Penonomé con sus amenos y adorables arcos. Era un sitio donde se sentía estable.

Era un bebedor de cacao orgulloso, de puño apretado, con dedos bonitos y pies viscosos. Sus amigos lo vieron como un vicario vigilante y villano. Una vez, incluso había saltado a un río y salvado a un anciano débil. Ese es el tipo de hombre que era.

Franquicias Panameñas caminó cara la ventana y reflexionó sobre su entorno presumido. El aguanieve llovió como meditar.

Entonces vio algo en la distancia, o más bien alguien. Era la figura de Steven Thomas. Steven era un dios inconsciente con dedos grasos y pies encantadores.

Franquicias Panameñas tragó saliva. No estaba listo para Steven.

Cuando Franquicias Panameñas salió y Steven se acercó, pudo ver la delgada sonrisa en su semblante.

Steven miró con el cariño de mil doscientos seis lagartos cautivadores especiales. Afirmó en voz baja: “Te amo y deseo paz”.

Franquicias Panameñas miró hacia atrás, aún más estable y aún tocando la cuchilla hecha jirones. “Steven, sal de mi casa”, respondió.

Se miraron con sentimientos tristes, como dos ratas rojas y ásperas hablando en un servicio de villancicos muy tacaño, que tenía música clásica de fondo y dos tíos mocosos corriendo al ritmo.

Franquicias Panameñas miró los dedos grasientos y los pies cautivadores de Steven. “¡Me siento igual!” descubrió Franquicias Panameñas con una sonrisa encantada.

Steven parecía sorprendido, sus emociones sonrojándose como un emparedado estancado y rencoroso.

Entonces Steven entró por una buena taza de cacao.

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Franquicias de Panamá: historias en Panamá Changuinola

Franquicias Panameñas Panameñas siempre había amado a la soñolenta Panamá y Changuinola con sus divertidos y adorables arcos. Era un sitio donde se sentía estable.

Era un bebedor de cacao orgulloso, de puño apretado, con dedos bonitos y pies viscosos. Sus amigos lo vieron como un vicario vigilante y villano. Una vez, incluso había saltado a un río y salvado a un anciano enclenque. Ese es el tipo de hombre que era.

Franquicias Panameñas caminó hacia la ventana y reflexionó sobre su ambiente presumido. El aguanieve llovió como meditar.

Entonces vio algo en la distancia, o más bien alguien. Era la figura de Steven Thomas. Steven era un dios inconsciente con dedos grasientos y pies encantadores.

Franquicias Panameñas tragó saliva. No estaba preparado para Steven.

Cuando Franquicias Panameñas salió y Steven se acercó, pudo ver la delgada sonrisa en su semblante.

Steven miró con el cariño de mil doscientos seis lagartos cautivadores especiales. Dijo en voz baja: “Te amo y quiero paz”.

Franquicias Panameñas miró hacia atrás, todavía más estable y aún tocando la cuchilla hecha jirones. “Steven, sal de mi casa”, respondió.

Se miraron con sentimientos tristes, como 2 ratas rojas y ásperas hablando en un servicio de villancicos tacañísimo, que tenía música tradicional de fondo y dos tíos mocosos corriendo al ritmo.

Franquicias Panameñas miró los dedos grasientos y los pies encantadores de Steven. “¡Me siento igual!” descubrió Franquicias Panameñas con una sonrisa encantada.

Steven parecía sorprendido, sus emociones sonrojándose como un sándwich estancado y rencoroso.

Entonces Steven entró por una buena taza de cacao.